Caminar entre las ruinas de un edificio abandonado, construido hace tiempo por personas que ya no existen, me transmite una sensación extraña. Por un lado siento nostalgia y tristeza por aquello que se ha perdido. Por otro lado me admira la belleza de esos restos que aún se anclan en el presente, irguiéndose inexorables, desafiando al tiempo.
Esos fragmentos rotos me recuerdan un pasado y su presencia destierra el olvido que de otra forma habría conquistado ese lugar. No existe olvido mientras existan vestigios que nos recuerden el pasado.
La existencia de esos recuerdos me reconforta, me da serenidad y el espíritu de esos lugares hace que el tiempo se detenga en los instantes en los que mis pasos recorren el lugar.
Me fascinan las ruinas y lo que ellas me transmiten…